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martes, 30 de junio de 2009

Desde Mozambique.













(Fotos: 1. Parte del Equipo de Rodaje en Bekoji. 2. Estadio Nacional. 3. Bekoji Bowling Team. 4. El jefe de todo esto. 5. Sala de conferencias Joaquim Chissiano.)


Es verdad, hace mucho tiempo que no escribo. No era fácil. El acceso al blog desde Etiopía había sido borrado de la existencia. Llevo un año viviendo en Addis Abeba pero ahora estoy en Mozambique, encerrado a cal y canto en el centro internacional de conferencias Joaquim Chissiano, que tiene un jardín muy floral. Aquí participo en lo que se ha denominado Campus Euroafricano de Cooperación Cultural. ¿Y quién es el jefe de todo este lío? Mi primo. Sí, mi primo Sergio. Y ¿por qué? No tengo ni la más remota idea. Yo estaba de vacaciones en Addis Abeba y de repente sonó el teléfono: “Miguel, nos vemos en Maputo”. ¿Pero qué me estás contando? Al día siguiente estaba, efectivamente, en Maputo y en la primera fila de la sala de conferencias, entre los peces gordos, estaba mi primo. Así fue.

Los dos documentales ya están rodados y esto me llena de alegría. El primero es sobre tres niñas corredoras de Bekoji que viajan a Addis para enrolarse en los clubes de atletismo. Lo estoy realizando junto a Daniel Taye Workou y Bira Biro Films. Para el rodaje vinieron de España Eric Uguet de Resayre e Israel Seoane y lo pasamos pipa. A estas alturas nadie duda de que Bekoji, además de ser la cantera de los mejores fondistas del mundo, es la versión etíope de ese lugar andaluz llamado Lepe. Eric e Israel sufrieron de lo lindo. Pero ahora sus estómagos son resistentes a una sopa de uranio enriquecido de corte nuclear. Fuimos a Bekoji sonrientes y luminosos, como tiroleses que van a ordeñar vacas a los picos alpinos durante la temporada de verano. Regresamos a Addis Abeba demacrados, en una caravana de vehículos lentos y sucios, cuyos parabrisas habían sido devorados por la tierra batida. Sí. El gran Solomón Bekele, el padre del cine etíope, ha vivido muchas aventuras, pero nada similar a Bekoji. Su espalda hizo crack y regresó en la parte de atrás del convoy, dentro de un vehículo denominado clásicamente “ambulancia”. Y esto fue así.

Después llegó el turno de rodar Wami Biratu. Entonces vinieron José González Morandi y Buenaventura Durall - el tío que ha hecho la peli sobre el asesino de la ballesta -, de Nanouk Films, quien se decidió a producir la película. Y bueno, ya veis, lo pasamos muy bien con el viejo durante toda una semana, hasta que su hijo Jagenma se puso un poco nervioso por el tema de la pasta... Empezó a ver como su pollo volador con alas en forma de dólares americanos emprendía el vuelo hacia otras regiones del Planeta Tierra y su sueño se desvaneció. Esperaba a Steven Spilberg rodando una película sobre su padre y, en su lugar, aparecieron dos catalanes que no se hospedaban precisamente en el Sheraton... Así es la vida. Los resultados de este trabajo cinematográfico están al caer… José y Ventura no paran de hablar de fútbol, y esto es muy aburrido, queridos amigos. Y yo digo mazo de veces la palabra mazo, así que me regañaron en mazo de ocasiones por decir mazo y otras palabras más feas, malsonantes e impropias de un amante de las letras. Gracias, papis.

Por aquí ha comenzado a llover de nuevo. Esta es la señal que dice que la Tierra ha dado una vuelta más al Sol y que está en la misma posición que hace algún tiempo, aunque probablemente la galaxia se haya desplazado millones de kilómetros hacia el sur. Llueve. Los cortes de luz llegaron otra vez, como al principio. Durante este año me asfaltaron el jardín, así que ya no se puede llamar jardín, sino “mierda”. Un día María y yo nos despertamos y habían comenzado a asfaltar el jardín. Y nunca más pararon hasta acabar con el laurel y con las plantas. Lo cubrieron todo con una fina capa de cemento. Es el precio de la civilización.

Ahora que me acuerdo tengo que ir a casa a plancharme un par de camisas. Mañana tengo una cita con la Ministra de la Igualdad; la señora Aido. Ya lo sé, pensáis que soy un tipo importante, ¿no? Voy a conferencias, mis amigos son embajadores, me puedo pedir dos porciones de pizza y todo ese rollo. Bueno, pues no os preocupéis, mi idea de felicidad es tomarme unas Fink Brau de los chinos en las calles de Malasaña, junto a mi fiel amigo Gossman. Que no se os olvide. Ya hablaremos.

viernes, 12 de diciembre de 2008

La vuelta a casa y algunas escenas de Wami Biratu.








(Fotos. Imágenes de la Great Ethiopian Run 2008 y de María portando brazalete y marioposa metálica).
Han pasado seis meses desde que pisé por primera vez el asfalto irregular de Addis Abeba. Puedo afirmar que hasta ahora no me ha ido nada mal. Dentro de 4 días cogeré un avión hacia El Cairo, más adelante hacia Madrid, donde pasaré la Navidad, y en tres semanas estaré de vuelta en Etiopía. Si hago un pequeño balance de lo acontecido hasta ahora, me arrepiento de dos cosas:

La primera es de no haber respondido a un mail en el que María aparece como la reencarnación de la diosa Afrodita pero más, decorada con un brazalete arcaico que probablemente fue manufacturado en la región de Gondar. La segunda es de no haberme colado en la piscina del Hotel Sheraton a través del agujero que hay detrás de la caseta de los tiques.

Entre las cosas positivas nos encontramos con el comienzo de la preproducción de dos películas – sobre la aldea de Bekoji y sobre Wami Biratu – con la participación de los excepcionales cineastas Daniel Taye Workou en la primera y José González Morandi en la segunda. Es positivo que Wami Biratu haya corrido este año la Great Ethiopian Run (10 kilómetros) en 1 hora y 20 minutos. Es positivo que yo haya conseguido sobrevivir seis meses cocinando una media de tres días al mes.

Antes de dejar por unas semanas Etiopía me gustaría haceros un regalo de Navidad. Se trata de algunas escenas de la vida de Wami Biratu que he ido escribiendo y que están narradas por el propio Wami. Estas escenas servirán para articular una película sobre este mítico corredor. Algunos de los más bellos episodios de la vida de Wami Biratu son éstos:

Escena 23.

1989 ¿? (Addis Abeba). Un día Wami recibió la notificación de que estaba oficialmente jubilado. Su sueldo descendía así de 300 birr al mes – que es lo que ganaba como soldado – a 200 birr. Como el sueldo era insuficiente para mantener a algunos de sus hijos que eran pequeños e iban al colegio, Wami concertó una entrevista con Fikiressilase Wegderss –primer ministro durante la época del Derg – y le pidió que, por favor, le dejara seguir trabajando en el ejército. Wegderss argumentó que si le permitía seguir trabajando, otras personas pedirían lo mismo. Para quitarse a Wami de encima, Wegderss le prometió que el gobierno le ayudaría de alguna manera. Wami salió de la oficina del primer ministro llorando, pues era consciente de que las promesas del Derg caerían en saco roto.

Durante los días siguientes, Wami Biratu trató de conseguir un trabajo. Preguntó en una obra si podía cargar piedras o camiones pero los capataces le dijeron que era demasiado viejo. Después Wami preguntó si podía trabajar en un edificio que se estaba construyendo. El capataz le reconoció y se sorprendió de que Wami buscara un sustento de cualquier manera: “Pero Wami, este trabajo no es para ti. Tú eres una persona importante, seguro que podrás conseguir un trabajo mucho mejor que éste.”

Alguien le dijo a Wami que los edificios CMC estaban casi terminados y que el manager estaba buscando a alguien para trabajar de guarda. Así Wami Biratu y otros cuatro jubilados del ejército comenzaron a trabajar en los edificios CMC. Wami iba corriendo de su casa al trabajo y dormía en los edificios CMC. Cuando había alguna competición en Addis Abeba, como por ejemplo la Maratón en Memoria de Abebe Bikila – que el propio Wami había fundado –, el manager permitía a Wami competir y después dormir en casa.

Escena 24.

1992 (Addis Abeba). Derartu Tulu ganó la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Barcelona. Se convertía así en la primera atleta africana en lograr este honor. El gobierno organizó una gran celebración para recibir a Derartu. Entonces Wami pidió a su jefe el permiso para asistir a la celebración. Su jefe le respondió que su obligación era trabajar. Ése mismo día llegó a los edificios CMC una carta del militar Kuma Demeksa – que hoy en día es alcalde de Addis Abeba – invitando a Wami a la cena de gala. Leyendo la carta, el jefe permitió a Wami acudir a la cena con la condición de que después volviese a su puesto de guarda. Aquella noche llegó a los edificios CMC un lujoso coche del Ministerio de Deportes que recogió a Wami y le transportó hasta la cena de gala en honor a Derartu. A las dos horas, esa misma berlina lujosa regresó para dejar a Wami en su cuchitril de los edificios CMC.

Escena 25.

1996 (Addis Abeba). Unos meses antes de las olimpiadas de Atlanta, Haile Gebrselassie y Wami Biratu se encontraron un par de veces por la calle. Wami iba corriendo al trabajo, embutido en unas botas de plástico cutres que le hacían rozaduras. Gebrselassie viajaba en su coche, dirigiéndose a su lugar de entrenamiento. En este par de ocasiones, Gebrselassie le dio a Wami Biratu 100 birr desde la ventanilla de su vehículo.

Escena 26.

1996 (Addis Abeba). Haile Gebrselassie volvió triunfante de las Olimpiadas de Atlanta y miles de personas fueron al aeropuerto a recibirle. Wami pidió permiso a su jefe para ir a recibir a Haile, pero su jefe se lo denegó. Una hora antes de que el avión de Haile aterrizara en el aeropuerto de Addis Abeba, otro de los jefes le dijo a Wami que podía ir a la celebración, siempre que estuviera de vuelta antes de las 12 de la mañana. Entonces Wami salió corriendo desde los edificios CMC para llegar a tiempo al aeropuerto. En el aeropuerto, la policía le impidió la entrada, argumentando que no sabía quién era y que no estaba ni invitado, ni acreditado. Los atletas se subieron a los coches oficiales y comenzó su vuelta de honor por Addis Abeba. Wami corría detrás de los coches, persiguiéndolos. Entonces un policía golpeó a Wami para que se apartara de la comitiva y Wami le dijo: “¿Pero qué haces, hombre? Tú no estás golpeando a un hombre, estás golpeando al pueblo de Etiopía.”

La caravana de los atletas llegó al hotel Ghion donde, una vez más, la policía impidió la entrada a Wami. Fue entonces cuando una persona de entre la multitud colocó sobre la espalda de Wami Biratu una bandera de Etiopía. Wami se dio cuenta de que tenía que volver a los edificios CMC, porque se hacía tarde, así que comenzó a correr por las calles de Addis, con la bandera a la espalada, hasta que un coche se detuvo y, bajando la ventanilla, alguien preguntó: “Oye, ¿tú no eres Wami Biratu?”. Este hombre le recogió en su coche y le dejó en los edificios CMC.